De Cruz en Cruz: Fiestas y paisaje sonoro en el extremo norte de Chile

Las festividades religiosas del extremo norte de Chile suelen concebirse tradicionalmente como manifestaciones populares con estructuras ceremoniales en común, con un repertorio homogéneo en torno al culto en los santuarios, con grupos de danzantes con coreografías homólogas y sonidos e instrumentos musicales con ciertas raíces andinas, que han sido difundidos indistintamente en el territorio andino chileno como en los países vecinos (Perú, Bolivia, Noroeste argentino). Sin embargo, más allá del destello colorido de los trajes de los bailarines y músicos o las multitudinarias festividades nortinas, hemos podido evidenciar a partir de los diferentes registros etnohistóricos, etnográficos y musicológicos que, lejos de dicha supuesta homogeneidad, existe una compleja y amplia variedad de prácticas que poseen las solemnidades religiosas asociadas al calendario litúrgico y que permean complejas lecturas tanto etnohistóricas como actuales. Nuestra hipótesis de trabajo plantea que esta problemática responde a un proceso de larga duración, donde se expresa la agencia indígena en un complejo entramado que ha incorporado, por un lado, la memoria andina y, por otro, los imaginarios religiosos coloniales circulantes en el Virreinato del Perú, reeditando a nivel comunitario la estética barroca para revestirlos en la performance ritual, en representaciones, danzas, cánticos e instrumentos musicales, ciertamente con matices indígenas y/o mestizos. Agregamos a esto la acción evangelizadora que, en las regiones de Arica y Parinacota y Tarapacá, fue asimétrica, permitiendo distintas lecturas locales sobre dichos procesos, resultando en una estética idiosincrática, pero que en su estructura profunda comparte una historia y una memoria en común. Esta hipótesis se robustece con las evidentes diferenciaciones, por ejemplo, en torno a las ceremonias a la Cruz de Mayo. Este símbolo cristiano, emplazado en los cerros andinos, permitió la articulación en la esfera del rito católico, de ciertas prácticas nativas reinterpretando los símbolos del canon romano, toda vez que la cruz facilitó la integración social al vincularse no sólo a las cumbres de las antiguas deidades andinas, sino que al unísono, a líneas parentales y linajes de familias celebrantes andinas como afrodescendientes. Puntualizando, mientras que en la sierra ariqueña y oasis tarapaqueños las cruces integraron al culto guitarras y violines, influenciados al parecer, por patrones barrocos difundidos desde Arequipa, en los poblados precordilleranos tarapaqueños, la ausencia de clérigos habría posibilitado el despliegue de elementos cúlticos de origen altiplánico (como los aerófonos lichiwayus o sikuris), que fueron modelando diferenciadamente el paisaje sonoro del norte chileno.

(Resultado de los proyectos FONDECYT Nº 1151138 y UTA Mayor 5730-14.)