“El endemoniado son de la zarabanda”: Bailes eróticos en la España Moderna

Esta ponencia parte de la base que la zarabanda instrumental es una versión domesticada de una danza intensamente erótica que floreció en España y algunas partes de Hispanoamérica a finales del s. XVI y principios del s. XVII. La primitiva zarabanda era un baile cantado, muy criticado por los moralistas y las autoridades debido a su supuesta obscenidad, lo que tuvo entre otras consecuencias que un poeta fuera perseguido por la Inquisición en México (1569) y que el baile se prohibiera en España (1583 y 1615). El historiador Mariana escribió en 1609 un capítulo entero censurando la perversión de la zarabanda, a la que se refirió Cervantes en 1613 como “el endemoniado son de la zarabanda” y Marino como “oscena danza” en L’Adone (1623). A pesar de su mala reputación, los investigadores no han conseguido todavía dar una explicación convincente del carácter subversivo de la zarabanda primitiva. Entre los pocos estudios existentes debe destacarse varias contribuciones de Devoto, que, a pesar de haber pasado más de medio siglo, todavía sigue siendo la referencia en muchos aspectos, mientras que Rico estudia su recepción en Francia y Hudson se ha preocupado fundamentalmente de la zarabanda instrumental. No se conserva ninguna partitura de las zarabandas cantadas, probablemente porque se trataba de un baile de tradición oral que se improvisaba a partir de determinadas fórmulas rítmicas y armónicas. Las fuentes conservadas consisten en unos 20 poemas, algunos con acordes de guitarra, una cantidad muy exigua si la comparamos con los cientos de seguidillas o jácaras que conocemos. En la ponencia se presentará una reconstrucción sonora de una zarabanda aplicando los patrones rítmicos habituales en la poesía cantada en español a sus acordes característicos; a continuación se analizarán los poemas conservados para ilustrar la prevalencia de referencias sexuales muy explicitas, y se examinarán referencias contemporáneas que sugieren que los gestos de los bailarines imitaban las acciones sexuales expresadas en los poemas. El elemento demoníaco de la zarabanda residiría pues en el contenido sexual de sus poemas, la representación gestual de los mismos y su capacidad de evocación erótica incluso cuando los textos habían abandonado cualquier referencia erótica, como ocurre con tres zarabandas a lo divino conservadas. La delicada danza francesa de mediados del siglo XVII, despojada ya de palabras y en donde los gestos habían sido suavizados, no es sino un paso más en el proceso de represión de la sexualidad que recorre el siglo, durante el cual fue impuesto “un triple edicto de tabú, inexistencia y silencio”, tal como sostiene Foucault (1979).