Las Lágrimas de Juan Gutiérrez de Padilla: Olvidados villancicos para la contemplación del Niño

Aunque el propósito fundamental de los villancicos barrocos era realzar el carácter festivo de las solemnidades religiosas, algunos de ellos, que aún no han recibido la atención académica debida, exploran aspectos muy diferentes del humorístico, desarrollando temas dolorosos, tristes, o luctuosos. Un tipo específico confiere a la acción del llanto una importancia comparable a la que se verifica en los libros de oración y meditación. A él pertenece Lágrimas de un Niño cuyo texto recoge técnicas descritas en los ejercicios espirituales, como la contemplación de las lágrimas y la representación de un coloquio íntimo con el Niño Jesús para suscitar el llanto empático del devoto. Como de costumbre en el género, la música sigue las connotaciones emotivas del texto con un empleo inusual para Gutiérrez de Padilla del cuarto tono de iglesia en Mi (“por el final”), de una proliferación de cadencias distintas y de gestos disonantes repetidos. Este tipo de villancico contemplativo iba encaminado a generar contraste dramático en su ciclo, interrumpiendo el tono jocoso predominante. Así propicia un momento de recogimiento y cumple con la expectativa de que la música de los villancicos estuviera “hecha con gravedad, honestidad, y [que fuera] devota” (El porqué de la música, Andrés Lorente), sin que importara una posible recepción indiferente o negativa por parte de los oyentes. Era quizá este tipo el que más se aproximaba a los “villancicos muy sentidos y místicos” elogiados por el famoso escritor Juan de Palafox y Mendoza (en sus Notas a las cartas de Santa Teresa de Jesús), obispo de Puebla de los Ángeles en la época, quien se refirió a estas composiciones como un medio eficaz para comunicar y mover en los receptores los sentimientos que en ellos se expresan.