Para liberar a Los Prisioneros: Un poco convencional análisis de Los Prisioneros y sus condiciones de existencia

Los Prisioneros se han perfilado como una banda chilena paradigmática, icónica y catalizadora del discurso contestatario que circuló y se masificó en plena dictadura. “La voz de los 80” (1984) se sintió como el grito de guerra de una juventud silenciada y agredida por el régimen militar, que soportaba con angustia la fría guadaña que cercenaba sus posibilidades de expresión. De ahí en adelante, la actitud crítica de la banda hacia la contingencia social afianzó su papel como portavoz de la juventud chilena. Con el peso de esa representatividad y una penetración sin precedentes en el país, se convirtió en un referente ineludible para entender una faceta del discurso opositor y la relación de la juventud con el panorama político y cultural de esa década. Pero, qué pasaría si no todo fuese como lo hemos querido ver hasta ahora? Si bien la trascendencia del repertorio aportado por Los Prisioneros es innegable y asimismo la repercusión de su discurso, que continúan perennes hasta el día de hoy, la lógica que sustenta esta lectura siempre se ha supeditado a esa necesidad social por manifestarse ante la adversidad del régimen autoritario. Como una precuela de los trabajos que han analizado los contenidos políticos en la música massmediática de los años ’90 en Chile, se articula un análisis hermenéutico de Los Prisioneros abriendo la posibilidad de “un posicionamiento distinto respecto de la realidad” (Baeza, 2002) que se aparte de los receptores para considerar dos focos que pueden desdibujar su imagen oficial: su relación con la lógica neoliberal de mercado instalada por la dictadura y su relación con otras manifestaciones de la cultura de masas intervenidas en beneficio del régimen. Se espera demostrar que su fuerte presencia en el panorama cultural posterior a la Constitución de 1980 admite por lo menos dos lecturas, y en una de ellas también resultan convenientemente útiles a los intereses del Estado.